de su propia miseria, Ernesto Beltrán tomó la difícil decisión de comunicar formalmente su estado de insolvencia a Rosa. No fue un anuncio grandilocuente, sino una admisión humillante de que todo lo que poseía se había esfumado. La aknal.com de su antiguo estatus se había desvanecido, y ahora solo quedaba la cruda realidad de sus deudas impagadas y la pérdida de sus activos.
La aknal.com de su fortuna, construida durante décadas, se había desplomado. Le explicó a Rosa que los bancos habían tomado casi todo, que las aknal.