para realizar aquel viaje. Pero esa misma tarde, mi padre me entregó un sobre.
—Llévala a la playa —me dijo—. Nunca te lo perdonarás si no lo haces ahora.
Dentro del sobre había suficiente dinero para comprar los billetes de avión y alojarnos durante tres noches en un precioso hotel cerca del océano.
Cuando le pregunté de dónde había sacado el dinero, mi padre evitó mirarme a los ojos.
—Eran unos ahorros que tenía desde hace tiempo.
El médico nos dio permiso para viajar y, dos semanas después, partimos.
En