Meses de cosas que yo había visto sin unirlas.
Teresa había empezado con comentarios sobre cómo debía mantenerse la casa.
Después decidió a qué hora debía levantarse Valeria.
Luego comenzó a revisar si la comida estaba hecha como a ella le gustaba.
Cuando yo viajaba, las reglas empeoraban.
Si había visitas, Valeria debía servir.
Si Teresa consideraba que había contestado mal, le quitaba el teléfono por unas horas.
Y Sofía empezó a recibir tareas que mi madre llamaba educación.
—¿Por qué no me lo dijiste? —pregunté al final.
Valeria