cómo sacar lo demás sin que Valeria y Sofía tengan que estar presentes.
—Me estás corriendo de la casa de mi hijo.
—Te estoy pidiendo que salgas de la casa de Valeria y mía.
—Por ella.
—Por lo que pasó aquí.
Teresa empezó a llorar.
No era una actuación evidente.
Mi madre estaba dolida.
Y yo también.
Durante unos segundos tuve la tentación de sentarme junto a ella y decirle que encontraremos otra forma, que quizá podía quedarse unos días, que tal vez con reglas nuevas todo se arreglaría.
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