a la pequeña
casa.
Sofía estaba sentada
afuera dibujando.
—Mira —dijo cuando lo vio—. Hice una casa.
Alejandro se agachó.
El dibujo tenía tres personas.
Una mujer.
Una niña.
Y un hombre muy alto.
Alejandro sintió un nudo en la garganta.
—¿Quién es él?
Sofía sonrió.
—Tú.
Mariana estaba observándolos desde la puerta.
Alejandro se acercó a ella.
—Compré una casa en el pueblo.
La expresión de Mariana cambió.
—No necesito que me rescates.
—No es para ti.
Ella frunció el ceño.
—Es para mí.
Alejandro señaló hacia el