a Madison», le respondió su padre. Su madre le pidió que no exagerara, y Madison misma tomó el teléfono para decirle que tomara analgésicos y aguantara. Emily colgó sin insistir.
El sacrificio silencioso de Jake
Dos días después apareció Jake, su hermano de veinte años, con las manos manchadas de grasa y los ojos enrojecidos. No traía una solución perfecta ni un discurso preparado. Traía 840 dólares en efectivo, producto de la venta de las herramientas Snap-on del abuelo, las mismas que representaban el inicio del taller mecánico que Jake