explicó el niño—. Y también viene los otros días. Elizabeth se arrodilló frente a su hijo. —Cariño, siento mucho no haber estado ahí. Sé que te prometí que iba a intentar llegar y no lo hice. No fue tu culpa. Nunca fue tu culpa. Noah la miró con la seriedad de sus seis años. —¿Entonces no es porque no soy lo suficientemente bueno? Elizabeth cerró los ojos y lo abrazó. —No, mi amor. Eres más que suficiente. Yo fui quien no supo organizar su vida para estar contigo como necesitabas.
La niñera curvy le pidió al hombre más temido de la ciudad que fingiera ser el papá de un niño al que molestaban en la escuela, pero nadie esperaba que volviera a aparecer al día siguiente