no remunerada todavía se siente como esperanza. Tal vez sea porque ella te preguntó, de manera indirecta, si necesitabas urgentemente el dinero, y te avergüenza lo sincero que debe haber sido tu rostro. Tal vez sea porque fuiste criado por una madre que limpiaba habitaciones de motel hasta que se le hinchaban las muñecas y aún así preparaba sopa para los vecinos cuando se enfermaban. Te dices a ti mismo que es temporal. Una visita más. Dos como máximo.
La casa huele ligeramente a madera vieja, medicinas y algo floral