las explicaba de la manera más sencilla.
El proceso con Mauricio no terminó con una escena espectacular.
No hubo un salón lleno de gente aplaudiendo mientras él perdía todo.
Hubo reuniones incómodas, documentos revisados, preguntas difíciles y consecuencias que dejaron de depender de su capacidad para intimidarme.
Nuestra separación se volvió definitiva.
Las cuestiones patrimoniales siguieron su curso con Mariana encargándose de que mi voz estuviera presente en cada decisión que afectara mis bienes.
Yo aprendí a leer cada hoja antes de firmarla.
Aprendí a preguntar.
Aprendí a decir «no