entregaron las indicaciones de protección temporal vinculadas a la denuncia.
Mi madre me llamó mal hijo.
—El pueblo entero sabrá que echaste a la mujer que te dio la vida.
—Y también sabrá por qué.
Durante los tres días siguientes, Teresa llamó a tíos, primos, vecinos y al párroco. Contó que Lucía me había embrujado, que yo había vuelto de Canadá arrogante y que una mujer enferma había destruido a la familia.
Pero no esperaba que yo dejara de guardar silencio.
Reuní a los parientes más cercanos en el patio.