pasa meses persiguiendo
era solo una pequeña parte de lo que estaba a punto de perder.
Eran casi las ocho de la noche cuando todo se destapó.
La Ciudad de México se veía dorada y gris a través de las paredes de cristal de mi oficina en Polanco; las calles seguían vibrando con el tráfico, las luces de los autos dibujando franjas entre
torres de acero y piedra preciosa. Mi equipo acababa de cerrar la adquisición más importante del año, el tipo de trato que la gente de