a la sala portando armas cortas, chalecos tácticos y una orden formal de cateo y aprehensión.
Al frente venía el fiscal anticorrupción acompañado de dos peritos contables.
—¡Todos quietos! ¡Manos a la vista! —ordenó el oficial al mando.
Marko soltó el maletín de golpe; el cierre se abrió al chocar contra el parquet, desparramando fajos precintados de billetes de quinientos y cien euros por todo el piso.
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Vesna e Ivana gritaron presas del histerismo al ver las armas y los fajos de billetes esparcidos