respiración era irregular.
—Emma, durante años me dijo que no podíamos casarnos porque ella quería hijos y yo era estéril.
Sentí frío.
—¿Qué estás diciendo?
—Antes de conocerte me diagnosticaron un problema de fertilidad.
Ahora todo empezaba a encajar.
—Vanessa consiguió una copia del primer análisis y me convenció de que jamás podría ser padre.
—Pero el diagnóstico estaba equivocado —v
continuó—. Había un segundo examen. El médico recomendó repetir las pruebas.
Su voz se quebró.
—Ella recibió ese informe por mí.
—¿Y?
—Nunca me lo entregó.
Me senté lentamente.