Los médicos me advirtieron que otro embarazo podría perjudicarme; años después, mi esposo me llamó desde una sala de maternidad y

elegir el futuro que había imaginado.

 

Pero en los últimos instantes de lucidez que le quedaban, logró tomar una decisión.

 

Recordó a alguien en

quien había confiado en el pasado.

 

Ella dijo su nombre.

 

Jaime.

 

No porque quisiera tener a su antiguo novio a su lado.

 

No porque estuviera intentando reabrir una historia de amor que había terminado once años antes.

 

Intentaba proteger la nueva historia de amor que había comenzado esa mañana.

 

De su hija.

 

Ese nombre fue el que