protegido bajo un fideicomiso para Lucas y Leo.
Marco no podía tocarlo.
A menos que los niños nunca llegaran a controlar nada.
Vincent permaneció sentado durante mucho tiempo después de leer el informe.
No parecía el multimillonario de las revistas.
Parecía simplemente un padre que acababa de descubrir que había confiado en la persona equivocada.
—Gasté tres millones buscando una enfermedad —dijo en voz baja.
Miró hacia la habitación de sus hijos.
—Y la respuesta estaba en mi propia casa.
No respondí.
Porque sabía que todavía había una pregunta pendiente.