hija no podía hablar de lo ocurrido.
Abrió el bolso.
Cosméticos.
Tarjetas.
Llaves.
Pañuelos.
Nada.
Arturo volvió a dejarlo sobre la barra.
Entonces vio una pequeña mancha gris debajo.
La tocó con el dedo.
Barro seco.
Exactamente del mismo tono que el de las huellas de Marisol.
Sintió un vuelco en el estómago.
Miró el bote de basura.
Lo abrió.
Entre papeles y envases encontró un pañuelo húmedo cubierto de barro.
Debajo había un recibo arrugado.
Era de una caseta de peaje.
Marcaba las 2:15 de la tarde del