lo que más lo descolocó.
Álvaro quizá esperaba gritos por Paula.
Preguntas sobre Lisboa.
Reproches por Mallorca.
Fotos lanzadas sobre la mesa.
En cambio, Lucía señaló la memoria USB.
—Lo que quiero saber es quién puso mi firma en ese poder.
Álvaro se sentó.
—No fue como piensas.
—¿Cómo fue?
—Había una operación que necesitaba respaldo. Era temporal. La empresa iba a cubrirla.
—¿Usaste mi casa?
Álvaro se quedó mirando el piso.
—Era una garantía.
—Eso ya lo sé.
—No ibas a perderla.
—No te pregunté eso.
Lucía se inclinó