Isabel negó lentamente.
—Hay más.
Gabriel levantó la cabeza.
—¿Más?
Ella tomó uno de los recibos que estaban dentro de la caja.
No era una carta.
Era un comprobante antiguo de un depósito.
—El dinero que recibí para desaparecer no llegó de una cuenta tuya —dijo Isabel—. Eso lo descubrí años después.
Gabriel tomó el papel.
El monto no era enorme,
pero en aquel momento habría representado varios meses de gastos para Isabel.
—Yo nunca envié esto.
—Lo sé.
Adrián miró a ambos.
—¿De quién salió?
Isabel respondió:
—De una