personas”.
El silencio fue inmediato.
Nicolás puso sobre la mesa la copia de la autorización con la firma dudosa.
—¿Y esto?
—Lo firmó Manuel.
—No —dijo él.
Nuria soltó una risa corta.
—Manuel, últimamente olvidas muchas cosas.
Carmen golpeó la mesa con la palma.
No fue fuerte, pero nadie se movió.
—Eso es lo que llevas meses diciendo delante de todo el mundo.
Nuria se volvió hacia ella.
—Porque es verdad.
Entonces Carmen sacó de su bolso un cuaderno verde.
Nicolás no sabía que existía.
Su madre lo abrió por