del sobre vacío sobre el plato de flores de la abuela y, la joya de la corona: la propia pizarra de Martin con su letra confirmando cada jornada.
En menos de veinticuatro horas, la reseña se volvió viral en todos los grupos del condado, el teléfono de mi hermano ardía y su fachada de empresario modelo se caía a pedazos. Pero lo peor estaba por golpear a su puerta: dos oficiales con carpetas del Departamento de Trabajo ya estaban estacionando frente a sus túneles de lavado…
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