penitenciarías a las tres de la madrugada.
Martin soltó un bufido despectivo:
—Exactamente mi punto. Trabajo simulado. Pasatiempos vacíos.
Acomodé mis cubiertos sobre la servilleta:
—¿Consideras que documentar la memoria histórica, operar cadenas de audio digital de alta fidelidad y entrevistar a lugareños es una ficción? Tú lo único que haces es rociar detergente de colores fosforescentes sobre vehículos utilitarios, Martin.
Mamá aplaudió:
—¡Hijos míos! Esa pasión es maravillosa. Mantengan vivo ese fuego.
—Mi empresa brinda un servicio tangible que la sociedad reclama a diario —insistió Martin, señalándome con el