demasiado cansados para su edad y me susurró: “Papi, si algún día me voy al cielo, por favor escúchalo a él… el Comandante lo sabe todo, todo”. Yo le besé la frente, con un nudo en la garganta, y le dije que dejara de decir tonterías. “Te vas a curar, mi amor”, le prometí. Ella solo negó con la cabeza lentamente. Una semana después de su funeral, abrí la costura de ese viejo peluche. Lo que encontré adentro me heló la sangre.
Pero para entender esta pesadilla, tengo que regresar