hijos en mi contra.
Simplemente les dijo que mamá y papá iban a vivir separados, pero que siempre los amarían.
Seis meses después, fui a la casa para recoger a los niños.
Laura abrió la puerta sosteniendo a nuestra hija menor.
La bebé sonrió cuando me vio.
Durante un segundo absurdo, miré a Laura e imaginé que todo podía volver a la normalidad.
Pero entonces noté algo diferente en su rostro.
Paz.
No felicidad porque yo me hubiera ido.
Paz porque ya no vivía dentro de una mentira.
Mientras tomaba