iba a encontrar un teléfono. Tenía trece años, Ernesto.
Mi padre bajó la cabeza.
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—No supe manejar la situación.
—No. Simplemente decidiste que yo ya no era tu problema.
Valeria se acercó a él.
—Papá, ¿todo lo que Samuel cuenta es verdad?
Ernesto no pudo mirarla.
—Hice cosas de las que me arrepiento.
Mi hermana se secó las lágrimas.
—Entonces nos mentiste durante toda la vida.
Mónica intentó abrazarla, pero Valeria retrocedió.
—No quiero que sigan justificándolo.
Aquel día mi padre terminó aceptando, con asesoría legal, las condiciones principales