pueblo!
Valeria lo miró tranquilamente.
—Quiero casarme con Iván, papá. No necesito demostrarle nada a nadie.
Cuando Ernesto exigió acompañarla hasta el altar, ella respondió:
—Prefiero caminar sola.
Él decidió no asistir.
Mónica tampoco fue.
Pero mi hermana no canceló su felicidad por complacerlos.
El día de la boda llegué acompañado de Inés.
Valeria llevaba un vestido blanco sencillo y una sonrisa nerviosa.
Cuando me vio, caminó hacia mí.
—Samuel, ¿puedo abrazarte?
Asentí.
Me abrazó durante varios segundos.
—Perdóname por haber creído todas esas cosas sobre ti.
—Eras una niña,