hogar donde nací.
Pero no había conseguido quitarme el futuro.
Una parte de lo recuperado la invertí en mi taller. Con otra empecé a ofrecer formación gratuita a jóvenes que necesitaban aprender un oficio.
No lo hice para demostrarle nada a Ernesto.
Lo hice porque sabía cuánto podía cambiar una vida cuando alguien te daba una oportunidad.
Hoy Valeria visita a mi tía Inés con frecuencia. A veces viene acompañada de Iván y los cuatro comemos juntos.
Seguimos conociéndonos.
Hay cosas que todavía nos duelen y preguntas que probablemente nunca