personas.
A la mujer que me dio la vida.
Y a la tía que me enseñó que todavía valía la pena vivirla.
Mi padre creyó que podía dejarme sin nada.
Se equivocó.
Porque el dinero que me robó pudo ayudarlo a comprar una casa, pero nunca consiguió comprarle la tranquilidad de saber que había sido un buen padre.
Yo, en cambio, construí mi hogar con mis propias manos.
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Y entendí que una familia no se define solamente por compartir