las coincidencias eran demasiado importantes para ignorarlas.
Entonces llegó Joaquín.
Se presentó una tarde en el taller, cuando mis empleados ya se habían marchado.
Parecía haber envejecido diez años.
—Necesito contarte algo —dijo.
Lo hice pasar a mi oficina.
Se sentó frente a mí y permaneció varios minutos mirando sus manos.
—Tu padre tenía problemas económicos cuando murió Claudia. Su empresa estaba endeudada. Mónica quería una casa nueva y él llevaba meses buscando cómo conseguir dinero.
Sentí un nudo en la garganta.
—Sigue.
—Cuando supo que podía administrar el fondo