reía de algo que mi madre había dicho. Me apoyé en el marco de la ventana y dejé que el sonido se asentara en mi pecho. Nathan me había dicho una vez que yo hacía que todo se sintiera pesado. Se había equivocado. Yo solo cargaba con lo que él seguía dándome. Ahora tenía las manos libres. Unos meses después, tomé mi primer vuelo sola después de que el divorcio fuera definitivo. No por trabajo. No por la familia.
Sino por mí misma. Un viaje corto a la costa, con