Sí.
—¿Por qué?
Había una referencia a una compensación económica.
Una cantidad importante.
Emma se quedó blanca.
—¿Nos vendió?
No quería usar esa palabra.
Pero no tenía otra.
—Aceptó dinero y renunció legalmente a sus derechos.
Puso ambas manos sobre la mesa.
—Entonces ¿por qué regresó?
La respuesta estaba en la última parte del diario.
Lily tenía una abuela llamada Ruth Marsh.
Nunca había escuchado ese nombre.
Había tenido cuatro ferreterías.
Las vendió a finales de los noventa.
Con el dinero creó un fideicomiso.
No para Lily.
Para los hijos