Y la verdad era mucho peor.
Ruby tenía nueve meses cuando Lily empezó a cansarse.
No cansancio de madre con cuatro niñas.
Algo diferente.
Dormía y seguía agotada.
Al principio dijeron anemia.
Después estrés.
Después empezaron las pruebas.
Cuando finalmente encontraron la enfermedad, ya se había extendido.
Lily tenía treinta y cuatro años.
Luchó catorce meses.
Yo la acompañé a cada tratamiento.
Aprendí nombres de medicamentos que jamás había escuchado.
Memoricé horarios.
Recogí recetas.
Y aprendí a sonreír frente a cuatro niñas mientras su madre dormía detrás de una puerta.