susurré, “me he divorciado.”
El viento movía las ramas del árbol.
“Perdóname por mentirte esa noche.” Mauricio nunca vendría.
Sentí un nudo en la garganta.
“Pero creo que ya lo sabías.
Dejé las flores en la tumba.
“Y también pido disculpas por la demora en entender algo que quizá ya habías visto.
Me secé una lágrima.
“No voy a pedirle a nadie que me quiera otra vez.”
Mi móvil vibró.
Era un mensaje del nuevo cliente.
“¿Podemos adelantar la reunión de mañana treinta minutos?”
Respondí:
Por supuesto. Nos vemos a