sin informarle el verdadero destino, el problema es serio.
La palabra “serio” cambió el aire del salón.
Hasta ese momento, la familia de Daniel había creído que aquello era una disputa doméstica.
Una novia sensible.
Una discusión que podían resolver cerrando una puerta.
Ahora alguien había pronunciado la palabra que más temían: fraude.
Daniel volvió a mirarme.
—¿Ya habías planeado todo esto?
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—Desde las cuatro de la mañana.
—Entonces sabías lo de la grabación y aun así viniste vestida de novia.
—Quería darte la oportunidad de ser