Diez minutos antes de casarme, mi prometido me pidió que renunciara a la casa que yo había pagado

Daniel se acercó a él y le susurró algo.

No oí las palabras, pero vi la reacción.

Daniel miró de inmediato hacia una mesa cerca del escenario.

Allí estaba sentado el director regional del banco que financiaba varios proyectos de su empresa.

El hombre evitó su mirada.

En ese instante comprendí que la verdadera catástrofe para Daniel no era perderme.

Era perder credibilidad.

El maestro de ceremonias seguía de pie junto a nosotros, completamente desorientado.

Me miró.

—¿Qué hacemos con la ceremonia?

Tomé el micrófono.

—No habrá boda.

Hubo un