pensarlo.
—¿Pensarlo? —Daniel miró su teléfono—. La ceremonia comienza en ocho minutos.
Me levanté y salí.
Al final del pasillo encontré al maestro de ceremonias repasando el programa.
—Necesito retrasar la entrada cinco minutos.
Miró mi vestido y después mi expresión.
—Diré que necesitas retocarte el maquillaje.
Seguí caminando.
Mi teléfono vibró.
Daniel me había escrito:
“¿Vas a firmar o no? Todos están esperando.”
No respondí.
Al doblar la esquina me encontré con mi madre.
Llevaba un traje azul oscuro hecho especialmente para la ocasión. En cuanto me vio, me