Trabajaba hasta doce horas al día y todavía aceptaba un segundo empleo porque temía volver a ser pobre con dos niños pequeños. La noche que mis gemelos de 9 años me recibieron con pasta quemada y dijeron “Hoy cuidamos nosotros de ti”, algo dentro de mí se rompió. Pero mi llanto cambió por completo cuando entendí por qué habían limpiado la casa con tanta desesperación…

puerta, volvió a sentir olor a limpiador de limón.

Sonrió.

—No puede ser…

Entró a la cocina.

—¡Sorpresa!

Diego y Sofía estaban junto a la mesa.

Eran más altos.

La pasta seguía demasiado cocida.

La ensalada, por suerte, tenía menos sal.

—Ahora sí nos quedó mejor —dijo Diego.

Laura dejó su bolsa y se echó a reír.

—Eso espero.

Sofía se acercó y la abrazó.

—Lo hacemos porque nos gusta cuando llegas y sólo te sientas con nosotros.

Laura sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Recordó aquella