Sofía habían pasado esos años viendo algo completamente distinto.
Veían a la mujer que se levantaba antes del amanecer.
La que caminaba con zapatos rotos para comprarles unos nuevos.
La que escondía su cansancio para preguntar cómo les había ido en la escuela.
La que regresaba casi dormida y aun así revisaba si estaban tapados.
La que nunca desapareció.
Laura se sentó a la mesa.
Diego sirvió la pasta.
Sofía levantó su vaso de agua.
—Por nosotros —dijo.
Laura chocó su vaso con los de ellos.
—Por nosotros.
Afuera llovía