una mano a la boca.
Estuvo a punto de llorar.
Pero entonces vio algo debajo de un plato.
Un sobre blanco.
En él estaba escrito su nombre.
“Laura Hernández.”
La letra no era de sus hijos.
Laura tomó el sobre.
—¿Quién trajo esto?
Los gemelos dejaron de sonreír.
Diego miró a su hermana.
Sofía bajó los ojos.
—Papá vino hoy.
Laura sintió que el corazón se le congelaba.
—¿Ricardo estuvo aquí?
—Sí —susurró Diego—. Y dijo que mañana va a volver.
—¿Para qué?
Sofía apretó el trapo entre las manos.