Trabajaba hasta doce horas al día y todavía aceptaba un segundo empleo porque temía volver a ser pobre con dos niños pequeños. La noche que mis gemelos de 9 años me recibieron con pasta quemada y dijeron “Hoy cuidamos nosotros de ti”, algo dentro de mí se rompió. Pero mi llanto cambió por completo cuando entendí por qué habían limpiado la casa con tanta desesperación…

una mano a la boca.

Estuvo a punto de llorar.

Pero entonces vio algo debajo de un plato.

Un sobre blanco.

En él estaba escrito su nombre.

“Laura Hernández.”

La letra no era de sus hijos.

Laura tomó el sobre.

—¿Quién trajo esto?

Los gemelos dejaron de sonreír.

Diego miró a su hermana.

Sofía bajó los ojos.

—Papá vino hoy.

Laura sintió que el corazón se le congelaba.

—¿Ricardo estuvo aquí?

—Sí —susurró Diego—. Y dijo que mañana va a volver.

—¿Para qué?

Sofía apretó el trapo entre las manos.