presente.
Ricardo parecía diez años más viejo.
—Todo se salió de control —murmuró.
Laura lo miró sin responder.
—No quería quitarte a los niños de verdad.
Laura sintió una risa amarga subirle por la garganta.
—Viniste con un abogado a mi casa.
—Pensé que podíamos llegar a un acuerdo.
—Les dijiste que yo los abandonaba.
—Estaba desesperado.
—Les ofreciste computadoras y cuartos nuevos.
Ricardo bajó la mirada.
—Sé que estuvo mal.
—No. No estuvo mal. Fue cruel.
Por primera vez, Laura dijo en voz alta todo aquello que había guardado