familia seguía ahí.
Más pequeña.
Más cansada.
Con cicatrices.
Pero también más fuerte.
Y mientras escuchaba a sus hijos discutir y reír detrás de la pared, Laura comprendió que nunca había sido una madre ausente.
Había sido una madre luchando por volver a casa cada noche.
Y sus hijos siempre habían sabido la diferencia