se negó a convertirse en su nueva asesora gratuita. Le dio nombres de profesionales y dejó que Lorraine tomara sus propias decisiones. Aquella frontera fue incómoda al principio, pero terminó siendo más respetuosa para ambas.
Al cerrar este capítulo, Mona comprendió que su mayor ganancia no era económica. Era poder mirar un problema familiar y preguntarse, antes de actuar: «¿Esto me corresponde realmente?». Algunas veces la respuesta era sí. Muchas otras era no. Y cada vez que respetaba esa respuesta, recuperaba una parte de la energía que había regalado durante