Eleanor la observó unos segundos.
—Usé mi apellido de soltera para las consultas iniciales.
Marcus frunció el ceño.
Entonces recordó haber visto aquel apellido años atrás en tarjetas de Navidad, papeles antiguos y fotografías guardadas después de la muerte de Arthur.
Lo había escuchado toda su vida.
Simplemente había dejado de prestarle atención.
Ese detalle fue más incómodo que cualquier secreto.
No era que Eleanor hubiera inventado una identidad.
Era que su propia familia había olvidado una parte de la suya.
El asesor se despidió.
Cuando la puerta se