que Javier había perdido los nervios porque yo era una esposa desobediente y que ella solo había intentado evitar que nuestro matrimonio terminara.
Pero los audios del teléfono contaban otra historia.
En uno de ellos, Teresa decía:
—Si la sacas ahora, volverá a desafiarte mañana.
En otro, preguntaba si alguien había visto lo que hacían desde las casas vecinas.
Y en una tercera grabación, después de que yo suplicara por agua, se escuchaba su voz:
Mariana aceptó.
Su testimonio no resolvió el caso por sí solo, pero permitió a los