me abrazó. Solo miró hacia el escenario, donde Emiliano estaba sentado junto a otros estudiantes.
—A ver si de verdad era para tanto escándalo —dijo—. Porque premios de muchachitos hay muchos.
Lo miré tranquila.
—Pon atención.
La ceremonia comenzó.
Nombraron a jóvenes de Monterrey, Guadalajara, Puebla, Mérida. Proyectos sobre energía, medicina, agua potable, transporte. Cada aplauso llenaba el auditorio de orgullo.
Entonces dijeron:
—Emiliano Torres Vargas.
Mi hijo caminó al centro del escenario con una serenidad que me quebró por dentro. Alto, delgado, con la misma mirada profunda que tenía