A los 64 años decidí no volver a casa de mis hijos sin ser invitado: una lección sobre dignidad y nuevos comienzos

Aprendí, tarde pero a tiempo, que a cualquier edad se puede empezar de nuevo, y que la vida siempre guarda un lugar en una banca del parque para quien esté dispuesto a sentarse y decir, con humildad, que juega mal al ajedrez.