El misterio de la anciana que compraba 60 kilos de carne cada día y conmovió a todo un pueblo

la siguió de lejos. Lidia colocó los paquetes en un carrito viejo y se dirigió hacia unos galpones industriales abandonados en las afueras del pueblo. Cruzó unas puertas oxidadas y desapareció en el interior. Casi una hora después, salió con el carrito completamente vacío.

Esa misma noche, el carnicero volvió a verla, esta vez cerca de los contenedores de reciclaje. La anciana recogía cartones, botellas y chatarra, guardando con cuidado las pocas monedas que lograba juntar. Sin embargo, a la mañana siguiente regresó a la carnicería con el mismo pedido