lk Mientras avanzaba por uno de los pasillos, mi mirada se detuvo en una pequeña que no parecía tener más de diez años. Estaba de pie frente a la caja registradora, sosteniendo un pastel de cumpleaños con la delicadeza de quien carga algo verdaderamente valioso. Sus manos lo apretaban con cuidado, como si temiera que el más mínimo movimiento pudiera arruinarlo.LK
Cuando la cajera anunció el total a pagar, el rostro de la niña se transformó por completo. La ilusión se desvaneció en un instante, reemplazada por una expresión