Lo que encontré en nuestra habitación me dejó sin palabras
Roberto estaba acostado sobre mi cama.
Mariana permanecía sentada a su lado.
Pero no estaban haciendo lo que yo había imaginado.
Mi amigo tenía el rostro pálido.
Llevaba una camiseta sin mangas y una manta cubría sus piernas.
Su brazo izquierdo estaba conectado a un pequeño dispositivo médico mediante un cable.
Sobre la mesa de noche había una caja con medicamentos y varias hojas impresas.
Mariana se levantó inmediatamente.
—Gabriel…
Roberto intentó incorporarse, pero hizo una mueca de dolor.
—No