me hizo sonreír.
—¿Y eso es malo?
Negó.
—No. Solo es complicado.
Me explicó que después de una operación que recibió mucha atención pública, su rostro empezó a ser reconocido.
Personas extrañas lo seguían.
Tomaban fotografías.
Inventaban historias.
—No quiero que Lily aparezca en eso —dije inmediatamente.
Él asintió.
—Exactamente.
Lo miré sorprendida.
—¿Cómo sabías que ese era mi miedo?
Noah bajó la mirada hacia mi hija.
—Porque cuando eres responsable de alguien más, dejas de preocuparte por ti mismo.
Esa respuesta me golpeó.
Porque era exactamente lo que había
bordé un vuelo con mi hija de catorce meses creyendo que ya había sobrevivido al capítulo más difícil de mi vida.