a su lado, sin preguntar. Nada grandioso. Sólo
una voz relajante, gestos reconfortantemente lentos, y esta frase susurraba como un salvavidas: “Eres joven. La vida todavía tiene planes para ti. “En ese momento, esas palabras
le parecieroncompletamente irreales.
El veredicto final y esta sentencia que lo sacudió todo
Ella salió del hospital con las manos vacías. Regresó a casa, con el cuerpo magullado y el corazón reducido a cenizas. Dobló ropa que nunca tendría la oportunidad de usar, suspendió sus estudios y ayudó