A los 17 años perdió a su hijo y salió de la sala de maternidad sin nada en brazos

a su lado, sin preguntar. Nada grandioso. Sólo

una voz relajante, gestos reconfortantemente lentos, y esta frase susurraba como un salvavidas: “Eres joven. La vida todavía tiene planes para ti. “En ese momento, esas palabras

 

 

 

le parecieroncompletamente irreales.

 

 

 

El veredicto final y esta sentencia que lo sacudió todo

 

Ella salió del hospital con las manos vacías. Regresó a casa, con el cuerpo magullado y el corazón reducido a cenizas. Dobló ropa que nunca tendría la oportunidad de usar, suspendió sus estudios y ayudó